Sucesos

La aterradora experiencia de una mallorquina en la brutalidad de una prisión tailandesa

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Era el 5 de diciembre de 1986 cuando la vida de una mujer mallorquina, madre y con muchos problemas económicos, dio un giro que jamás habría imaginado. Junto a un amigo, se disponía a volar desde Tailandia con un sueño que rápidamente se convirtió en pesadilla. Ocultando heroína en su cuerpo, pensaron que todo sería sencillo. Pero las autoridades estaban al acecho y pronto el vuelo se convirtió en un viaje directo al infierno.

Cuando la policía atrapó a su compañero con droga encima, ella se convirtió automáticamente en sospechosa. «Habíamos comprado los billetes juntos», recordó con tristeza. En cuestión de horas, pasó del bullicio del aeropuerto a las paredes frías y lúgubres de una comisaría donde vivió tres días eternos rodeada de ratas enormes y cucarachas voladoras.

Una condena cruel

Fue juzgada por narcotráfico y sentenciada a 50 años, pero con lágrimas en los ojos pidió clemencia ante el tribunal, lo que le rebajó la pena a 25 años. Sin embargo, era consciente de que esa cifra equivalía prácticamente a una condena a muerte en aquel lugar aterrador.

Los primeros meses fueron devastadores. En la prisión Lard Yau, un oscuro complejo para mujeres en Bangkok, encontró condiciones inhumanas: hacinamiento extremo y grilletes pesados como plomo que destrozaban sus tobillos. Allí no solo luchaba por sobrevivir; cada día era un acto desesperado contra las torturas sistemáticas y abusos sexuales orquestados por las guardianas. «Elegían a las presas que querían violar», relató con horror.

A pesar del sufrimiento diario, había quienes intentaban comprar lujos básicos para sobrellevar la vida carcelaria: «Por unos 1.000 baths podías hacerte con algo tan simple como perfume», explicó recordando el poder del dinero incluso en aquel infierno.

Su calvario llegó a su fin cuando logró ser repatriada a España para cumplir el resto de su condena en Palma. Arrepentida y deseosa de dejar atrás esa etapa oscura, compartió su historia conmovedora e impactante que resonó profundamente entre los lectores: «Sobrevivir allí era como vivir en una jungla». Su relato no solo pone sobre la mesa la dura realidad del sistema penitenciario tailandés sino también resuena como un grito desesperado por justicia.

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