En una fría madrugada de febrero, el silencio de los vecinos de Palma se rompió con un rugido inesperado. Un hombre de 33 años decidió que era buen momento para hacer arder dos garajes comunitarios, y lo hizo sin pensar en las consecuencias. Este lunes, su historia tuvo un desenlace en la Audiencia Provincial: nueve años de cárcel por su acción temeraria.
Las llamas devoraron alrededor de una veintena de vehículos y también causaron destrozos en las zonas comunes del edificio. Lo más impactante fue que muchos residentes estaban dormidos, ajenos al peligro que se cernía sobre ellos. El primer incendio tuvo lugar en el aparcamiento de la calle Tomás Forteza, donde el acusado no dudó en encender fuego a varios coches. El humo se extendió rápidamente hacia las viviendas, creando pánico entre quienes apenas se dieron cuenta del desastre.
Un segundo ataque que selló su destino
No satisfecho con el caos inicial, este hombre no tardó en dirigirse al garaje colindante en la calle Josep Rover Motta. Allí repitió la misma jugada: prendió fuego a más vehículos mientras sus dueños dormían tranquilos, sin imaginar que sus bienes estaban siendo consumidos por las llamas. Al final, los daños materiales fueron brutales, con pérdidas estimadas en 125.000 euros. Todo esto llevó a la Policía Nacional a actuar rápidamente; días después, lo arrestaron tras una exhaustiva investigación.
El condenado se declaró culpable y ahora debe afrontar no solo su condena sino también indemnizar a los afectados con más de 60.000 euros. Aunque inicialmente enfrentaba una pena mucho mayor, gracias a un acuerdo con la Fiscalía logró reducirla significativamente. Hoy nos preguntamos: ¿qué pasa por la cabeza de alguien que decide jugar con fuego así?

