Este domingo, las calles de Ginebra se llenaron de vida y de gritos de protesta. Unas 25.000 personas se unieron a una manifestación convocada para alzar la voz contra la cumbre del G7, que reúne a los países más industrializados del mundo esta semana en Évian, Francia. La marcha comenzó en un ambiente festivo, lleno de color y energía, bajo las banderas y pancartas de la coalición No G7, que agrupa a unas sesenta organizaciones desde feministas hasta propalestinas.
Un giro violento en la jornada
A medida que avanzaba la tarde, ese clima alegre dio un giro inesperado. A partir de las 16:30 horas, unos 500 a 600 manifestantes comenzaron a enfrentarse con las fuerzas policiales. Lo que había sido una fiesta pacífica se transformó en caos cuando algunos decidieron lanzar objetos y fuegos artificiales contra los agentes. La policía no tardó en responder con gas lacrimógeno y un camión de bomberos para dispersar a la multitud. Fue un espectáculo triste ver cómo la protesta por causas justas se tornaba en disturbios.
“Al principio todo era alegría”, comentó un joven participante mientras recordaba los momentos iniciales donde predominaba el buen rollo. Pero luego aparecieron dos grupos del ‘black block’ que desencadenaron el conflicto. Desde el sindicato suizo SIT, su secretaria Alice Lefrançois criticó abiertamente lo que consideró una “intervención policial desproporcionada”. Su mensaje era claro: “La represión fue excesiva”, afirmó ante las cámaras.
A raíz de estos incidentes, los Ferrocarriles Federales Suizos suspendieron el tráfico entre Ginebra y Lausana como medida preventiva. Los tranvías también regresaron a sus cocheras para facilitar el trabajo policial.
Parece que cada vez es más difícil encontrar espacio para manifestarse sin miedo a ser silenciados o reprimidos por quienes deberían protegernos. En esta ocasión, lo único claro es que hay voces dispuestas a luchar por un cambio real frente al poder establecido.

