El aire en el Carlos Tartiere estaba cargado de expectación este viernes. Julián Calero, el nuevo entrenador del Real Oviedo, se presentó ante los medios y la afición como un hombre lleno de ilusión y energía positiva. «Vuelvo a Oviedo con la mochila cargada», confesó, mientras sus palabras resonaban en el corazón de quienes sueñan con un equipo competitivo.
Calero no es ajeno a las dificultades que trae consigo la Segunda División. “Hay que saber resetear”, afirmó sin titubear, y dejó claro que lo vivido la temporada pasada debe quedar atrás. Mirar hacia adelante es su mantra: «Vendrán momentos complicados, pero con trabajo y humildad podremos superarlos». Junto a él estaban sus compañeros de confianza: Pedro Hernández y Roberto Ovejero, formando un tridente decidido a cambiar las cosas.
Un equipo para competir
En su presentación también estuvieron figuras clave del club como el presidente Martín Peláez y el director general Agustín Lleida. Todos ellos escucharon atentamente cómo Calero desgranaba su filosofía: “Mis equipos compiten y también juegan bien”, dijo, dejando claro que no hay lugar para el miedo en su planteamiento. Se le notaba decidido; ¿quién podría dudar de su plan?
Aunque ha habido ya tres fichajes este mes —Pablo Sáenz, Youness y Jacobo González—, Calero subrayó que aún queda mucho por hacer. Reconoció que la dirección deportiva tiene la última palabra sobre la plantilla pero dejó caer que tiene muy clara la idea de lo que necesita para competir bien.
Por último, al ser preguntado por Santi Cazorla, quien aún está deliberando si continuar jugando o colgar las botas, Calero aseguró: “Quiero ser respetuoso porque se ha ganado el derecho a decidir”. Su respeto por los jugadores es palpable; un buen primer paso para construir ese ambiente positivo del que habla.
Con la pretemporada programada para comenzar el 6 de julio, nos encontramos ante una nueva etapa llena de esperanza. Para todos los aficionados del Real Oviedo, estas son palabras alentadoras en un camino lleno de desafíos.

