Hoy, mientras paseábamos por el corazón de nuestra ciudad, nos topamos con un escenario que muchos de nosotros no podemos ignorar: los trabajos de demolición en el solar donde se alzaba Cas Coronel. La Associació per a la Revitalització dels Centres Antics (ARCA) ha levantado la voz, advirtiendo sobre lo que consideran una auténtica destrucción patrimonial llevada a cabo sin respetar los procedimientos necesarios. ¿Es que nadie se preocupa por nuestra historia?
Un proceso caótico y peligroso
Según ARCA, las prisas por derribar este emblemático edificio han puesto en riesgo no solo su estructura, sino también la seguridad de todos. La torre ha caído, y con ella, un pedazo de nuestra herencia. Esto no es simplemente una cuestión técnica; es una falta de respeto hacia nuestro legado cultural. Lo que debería ser un proceso metódico —comenzando por el desmonte cuidadoso de forjas y ventanas— se ha convertido en un atropello a la ética.
«Claramente han incumplido el plan», denuncia ARCA. Y lo hacen con razón: ¿por qué ignorar la demanda ciudadana que pide protección para nuestro patrimonio? Este acto desenfrenado, como ellos mismos lo describen, revela no solo una falta de responsabilidad por parte del Ayuntamiento de Palma, sino también una desconexión alarmante entre las instituciones y los ciudadanos que valoran su entorno.
A medida que avanzamos en esta historia triste y vergonzosa, nos encontramos con un catálogo insuficiente que deja mucho que desear. La inacción del Consejo Patrimonio es simplemente indignante. Mientras tanto, aquellos que habitamos estos barrios seguimos observando cómo nuestras raíces son arrasadas sin compasión.

