MADRID, 11 de junio. En la madrugada de este jueves, la Guardia Revolucionaria iraní ha anunciado que ha llevado a cabo dos nuevas oleadas de ataques dirigidos a intereses y bases estadounidenses en Bahréin y Kuwait. Todo esto, como respuesta al reciente ataque del Ejército estadounidense que tuvo lugar horas antes y que ellos consideran una provocación inaceptable.
Según las declaraciones de esta fuerza militar, han atacado hasta 18 objetivos clave, incluidos los aeródromos de Ali Al Salem y Ahmad Al Jaber en Kuwait, así como la base de Sheij Isa en Bahréin. La agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, destaca que estas acciones son un «castigo al agresor», refiriéndose al Ejército estadounidense como «malvado» y culpándolo por las agresiones previas que han sufrido.
Un ciclo sin fin de violencia
Teherán no se ha quedado atrás y también ha lanzado diversos tipos de drones contra la Quinta Flota de EE.UU. situada en Bahréin. Estos drones han apuntado específicamente a antenas de comunicación e instalaciones del sistema Patriot. Justo después del anuncio, el Ministerio del Interior bahreiní activó las sirenas de alarma, instando a los ciudadanos a permanecer calmados y dirigirse a lugares seguros.
No podemos olvidar que estos ataques forman parte ya de una escalada violenta entre Washington y Teherán que lleva días gestándose. Ayer mismo, la Guardia Revolucionaria había reivindicado otra oleada similar de ataques con drones contra diferentes bases estadounidenses en Oriente Próximo, calificando esas acciones como «represalias» por las agresiones sufridas por parte del ejército norteamericano. Es un escenario complicado donde parece que cada acción desencadena otra reacción; un ciclo vicioso difícil de romper.

