Palma

La antigua prisión de Palma ya no tiene inquilinos: un cambio esperado

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Un día que muchos esperaban ha llegado. El alcalde de Palma, Jaime Martínez, acompañado por su compañero Javier Bonet, se encontraba a las puertas de Sa Presó y no podía ocultar su satisfacción. “Hoy es un día importante: después de doce años, la cárcel ya está vacía”, afirmó con firmeza mientras los ecos del desalojo resonaban en el aire.

A lo largo del día, una a una, las personas que habían estado viviendo allí fueron saliendo tras ser identificadas. “Ha sido un proceso escalonado”, explicaba el alcalde. Al principio eran 226 personas y hoy solo quedaban 51 por desalojar. Ahora, asegura él con un tono casi triunfante, “ya no hay nadie”. Sin embargo, fuera del recinto algunos ex-residentes expresaron su frustración a gritos.

Un esfuerzo colectivo

Martínez defendió que todo esto se llevó a cabo con el apoyo de asuntos sociales desde febrero. “Hemos ofrecido los recursos que teníamos”, comentaba mientras agradecía el trabajo incansable de más de 80 efectivos entre Policía Local, Nacional y otros servicios públicos involucrados en la operación. “Se ha realizado todo de manera pacífica y normalizada”, subrayó ante los medios presentes.

El alcalde también tuvo palabras para organizaciones como Cruz Roja y Cáritas que han ayudado a gestionar esta situación complicada. Y es que cinco personas ya tienen acceso a recursos sociales gracias al apoyo del Obispado de Mallorca y otras instituciones: alojamiento, trabajo y educación son parte del plan para ayudarles a reintegrarse.

No obstante, la situación no ha estado exenta de problemas; algunos residentes han sido detenidos bajo órdenes de expulsión en días recientes. Aún queda mucho camino por recorrer.

En los próximos días, aquellos que vivieron allí podrán regresar para recoger sus pertenencias antes de que se proceda al tapiado definitivo del edificio. “Habrá control policial para evitar cualquier intento de ocupación”, advirtió Martínez con claridad.

Mientras tanto, ciudadanos que volvían a casa mostraron su sorpresa ante lo sucedido; algunos protestaron pero rápidamente fueron acompañados dentro por agentes locales para facilitarles la salida definitiva.
“La solución no se logra con gritos sino aceptando la realidad”, insistía el alcalde recordando lo complicado que fue llegar hasta aquí tras doce años de espera. En este nuevo capítulo para Palma se abre una puerta hacia nuevas posibilidades.

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