En la tranquila zona de La Vileta, un simple fin de semana se convirtió en una pesadilla. Todo comenzó cuando una fuga de gas obligó a evacuar a los vecinos en plena madrugada, dejando a trece personas bajo atención médica y cuatro de ellas, inquilinos del piso donde ocurrió el escape, gravemente heridos. La presidenta de la comunidad afectada no pudo contener su indignación: «Nos han puesto en peligro a todos». No es para menos.
Desde hace tres años, estos vecinos han alzado la voz. Han denunciado ante Turismo, han acudido al Ajuntament de Palma y hasta han contactado con la Patrulla Verda. Pero parece que nadie escucha sus preocupaciones. Este domingo, la situación alcanzó un punto crítico después de que los Bombers encontraran a cuatro personas inconscientes junto a un perro también desmayado por inhalar monóxido de carbono. La causa, todo apunta a una caldera mal instalada y sin respiradero, resultado de unas reformas sospechosas.
Fiestas interminables y una comunidad desesperada
Los residentes están cansados. «No les conocíamos de nada», dicen sobre los inquilinos franceses que cada semana llegan como si fueran sombras pasajeras en sus vidas. Las fiestas parecen ser la norma en este piso que se alquila como turístico; hasta hay un jacuzzi que requiere energía constante, acumulando gases peligrosos sin ningún tipo de control.
Una vecina relata que las celebraciones ocurren cada quince días y muchas veces se exti hasta altas horas: «A veces terminan a las cinco o seis de la mañana». Sin embargo, lo más inquietante fue cuando uno de los asistentes volvió para dar la voz de alarma al ver el estado crítico de sus compañeros por el gas tóxico. El miedo se hizo palpable entre ellos; escucharon sirenas y vieron cómo ambulancias llevaban a los afectados mientras eran evacuados del edificio.
A pesar del caos, nadie parece estar dispuesto a tomar cartas en el asunto. La dueña del piso ha hecho caso omiso durante mucho tiempo: «Se ha desentendido», dice la presidenta comunitaria quien está lista para interponer otra denuncia debido al cerramiento irregular que contribuyó al desastre.
Los vecinos saben que esto no solo es cuestión de ruido o fiestas descontroladas; hay algo más oscuro acechando detrás del alquiler turístico ilegal. Temen haber sido testigos no solo del irresponsable uso del inmueble sino también posibles actividades ilícitas relacionadas con drogas o prostitución. Con valentía pero recelo expresan su deseo: «Que inspeccionen lo que pasa allí dentro». Porque ya basta; su paciencia tiene límites y quieren recuperar la tranquilidad perdida.

