En el mundo de la construcción, hay un hombre que ha visto de todo. Manuel Armando, conocido como Bricomandy en las redes, lleva más de 30 años empujando palas y levantando paredes. Y aunque hoy se habla de que hay mano de obra a raudales, él no puede evitar sentir una profunda frustración. En una reciente charla en el podcast Sector Oficios, su voz resonó con claridad: «Ahora mismo dicen que no hay mano de obra. Mano de obra hay a punta pala, más que nunca, pero cualificada no. Mano de obra cualificada ya no hay».
Una evolución dolorosa
Su viaje comenzó antes de la crisis del 2008, cuando pasaba días enteros en obras nuevas. Pero todo cambió y se vio obligado a sumergirse en el mundo de las reformas. «Ahí fue donde me cambió la vida por completo», confiesa Manuel, al recordar cómo empezó a descubrir nuevos retos y habilidades dentro del sector. Sin embargo, esa transformación también lo llevó a darse cuenta del problema actual: “Se está acabando los que quieran aprender y los que quieran enseñar”, lamenta.
Y es que antes existían métodos accesibles para ingresar al oficio; esos contratos de aprendizaje eran una maravilla para formar nuevos profesionales sin romperse la cabeza con seguros caros o salarios desorbitados. Ahora parece que todos cobran lo mismo, independientemente del conocimiento o la experiencia: “Tú ahora le tienes que pagar lo mismo a uno que sabe que a uno que no sabe”. Para él, esto resulta injusto y contraproducente.
Aquellos tiempos en los que un aprendiz podía cobrar menos mientras aprendía están quedando atrás. La diferencia entre un aprendiz y un oficial es casi mínima; apenas unos 300 euros separan sus salarios. ¿Es justo? Manuel opina que debería haber incentivos para contratar jóvenes dispuestos a aprender porque al final ¡tienes que pagar tú por enseñar!

