Un reciente estudio de la Universidad de Pensilvania ha puesto sobre la mesa una cuestión inquietante: las respuestas que brinda la inteligencia artificial (IA) a nuestras preguntas sobre salud tienen una precisión del 76%. Este dato, lejos de ser motivo de celebración, nos lleva a cuestionar la fiabilidad de estas herramientas cuando se trata de nuestro bienestar. En un mundo donde cada vez más personas recurren a asistentes virtuales como ChatGPT para resolver dudas médicas, es fundamental entender hasta qué punto podemos confiar en ellas.
¿Qué pasa con nuestra salud?
Los investigadores querían conocer cómo utilizamos realmente la IA en cuestiones sanitarias y qué tan bien responde a esas consultas. La respuesta no es sencilla. Según el estudio, aunque la IA puede ser útil en manos de profesionales médicos capacitados, resulta preocupante su uso directo por parte del público general, especialmente en áreas delicadas como neurología y dermatología.
Durante una competencia llamada ‘Diagnose-a-thon’, 34 participantes presentaron más de 200 preguntas relacionadas con problemas de salud reales e imaginarios. Con el fin de simular un uso cotidiano, se les permitió elegir entre cuatro modelos diferentes de IA para responder a sus dudas. Este enfoque participativo fue clave para entender cómo interactuamos con estas tecnologías día a día.
Una vez recopiladas las respuestas, nueve médicos evaluaron su precisión y potencial riesgo utilizando una escala que iba desde muy bajo hasta muy alto. El resultado fue claro: si bien el 76,2% de las respuestas fueron consideradas precisas, algunas especialidades brillaron más que otras. Obstetricia y ginecología tuvieron un buen desempeño, mientras que medicina interna y neurología mostraron debilidades preocupantes.
El estudio también reveló que las preguntas formuladas de manera clara y específica suelen generar respuestas más acertadas por parte de los modelos. Sin embargo, aquí radica otro problema: incluso con entrenamiento adicional utilizando libros médicos y guías clínicas, los errores seguían superando el 20%, el doble que los médicos humanos.
A medida que avanzamos hacia lo que algunos llaman una nueva era en la atención médica impulsada por IA, hay voces dentro del ámbito médico que advierten sobre sus limitaciones. Jennifer Kraschnewski, coautora del estudio, subraya la necesidad urgente de integrar estas herramientas sin perder el enfoque humano en el cuidado del paciente.
A pesar del escepticismo inicial sobre su implementación directa en consultas médicas reales, lo cierto es que muchos seguirán buscando respuestas a través de estos sistemas inteligentes. Como dice S. Shyam Sundar, uno de los autores: “Nos guste o no, la gente seguirá utilizando la IA para diagnosticar sus problemas”. Por tanto, debemos aprender a usarla sabiamente y estar alertas ante sus posibles riesgos.

