El escritor y matemático Pere Estelrich ha decidido compartir su amor por la música clásica a través de su nuevo libro, Cròniques wagnerianes, una recopilación de sus artículos publicados en Diario de Mallorca durante 2024 y 2025. En este trabajo, que se presentará el próximo 3 de junio en Palma, Estelrich nos lleva a un viaje sonoro por festivales y ciudades como Bayreuth, Nuremberg, Leipzig o Halle. Acompañado por figuras destacadas del mundo musical y con un trío de cuerda que ambientará el evento, promete ser una velada inolvidable.
Pasión por Wagner y Bach
En sus palabras se siente la pasión ardiente que tiene por dos gigantes de la música: Wagner y Bach. “Son mis pilares”, dice con fervor. Y aunque asegura no ser un experto técnico en música —“toco un poco el piano, pero no me preguntes cosas técnicas”— su enfoque es claro: quiere hacer accesible la música a todos. Sin complicaciones intelectuales, busca acercar al lector a estos compositores.
Pere incluso confiesa que le hubiera gustado titular su obra Cròniques bachnerianes, pero decidió dejarlo como está para no generar confusión. La excusa perfecta para hablar sobre Wagner es la ópera diaria en Bayreuth, aunque también rinde homenaje a Bach en Leipzig, donde ambos artistas tuvieron un impacto significativo.
A pesar de lo bien conocidos que son ambos nombres, Estelrich lamenta que muchos aún los ignoren. “He hecho encuestas en mi programa de radio preguntando por compositores y raramente mencionan a Bach o Wagner”, revela con cierta tristeza. En Mallorca, si preguntas por ópera, probablemente te digan Puccini o Verdi antes que Wagner.
Pero más allá de los nombres está la historia detrás. El autor aborda cómo Hitler usó a Wagner para fines patrióticos mucho después de su muerte: “Esto le hizo más daño que bien”. Con esta reflexión muestra cómo los símbolos pueden ser tergiversados con fines oscuros.
Finalmente, nos invita a reflexionar sobre el poder transformador de la música: “¿El mundo sería diferente si nuestros líderes tuvieran sensibilidad musical? Es imposible enviar a alguien a la guerra después de escuchar La Valquiria”. Aquí es donde Estelrich lanza un desafío claro: si pudiéramos conectar más con la música y dejarla influir en nuestras decisiones… ¿no sería todo distinto?

