En la estación seca, el aire se llena de un espectáculo que nos deja boquiabiertos. No son drones ni helicópteros lo que vemos surcando el cielo; son los increíbles frutos voladores del árbol Hollong, girando suavemente mientras descienden hacia el suelo. Este árbol, conocido científicamente como Dipterocarpus retusus, no es solo un gigante que puede alcanzar los 60 metros de altura; es también un símbolo cultural en muchas comunidades indígenas del sudeste asiático, cargado de mitos y rituales.
La magia de la dispersión de semillas
Pocas personas fuera de su entorno natural conocen cómo este árbol ha perfeccionado su técnica para sobrevivir a lo largo de millones de años. Si te encuentras bajo sus hojas alargadas durante el verano y miras hacia arriba, te sorprenderás al ver decenas de pequeños frutos alados flotando en el aire. Estos frutos, con su forma bilabiada, caen como mini helicópteros, aumentando las posibilidades de aterrizar en tierra fértil donde puedan crecer sin obstáculos.
Es en lugares como Assam, India, donde este fenómeno alcanza su máxima expresión. Aquí, durante la estación seca, cientos de estos drones naturales crean una coreografía impresionante en el cielo. Verlos caer desde decenas de metros es algo que hay que vivir para creerlo. Es una auténtica maravilla de la naturaleza que nos recuerda lo sorprendentes que pueden ser los mecanismos de supervivencia del mundo vegetal.

