En un rincón de València, Jaime Siles, un hombre nacido en 1951 y con una pluma inquieta, acaba de recibir uno de los galardones más prestigiosos en el mundo hispanohablante: el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Este reconocimiento no es solo un premio; es un homenaje a toda una trayectoria que ha renovado la poesía española contemporánea desde los años setenta. Con el respaldo unánime del jurado, Siles ha sido reconocido por cumplir con ese anhelo renacentista del ‘artista total’. Pero para él, esto es más que un elogio; es la confirmación de que su trabajo está siendo valorado.
La llamada que cambió su día
El martes por la tarde, Jaime recibió la noticia de la mano de Ana de la Cueva, directora general de Patrimonio Nacional. “No me lo podía creer”, confiesa. En su mente había la certeza de que este año el premio recaería en algún autor latinoamericano. Después de todo, eso fue lo que sucedió durante las últimas ediciones. Sin embargo, cuando escuchó su nombre entre los ganadores se sintió abrumado. No podía evitar pensar en todos esos grandes poetas a quienes ahora se une en este selecto grupo.
Siles nos cuenta cómo a lo largo de su carrera ha acumulado más de 500 textos, entre libros y artículos académicos. Y aunque ha recibido múltiples reconocimientos como el Premio a las Letras Teresa de Ávila o el galardón Ciudad de Granada-Federico García Lorca, nunca se detiene: “Voy a seguir escribiendo hasta que me muera”, afirma sin dudar. Tiene dos ensayos listos para publicar y varios proyectos poéticos en marcha.
A pesar del silencio literario al que se enfrentó entre 1989 y 1999 —un periodo donde observó desde lejos— hoy Siles está viviendo una etapa prolífica. Cada palabra escrita le acerca más a ese ideal renacentista que tanto aprecia. El poeta tiene claro algo: “La angustia del silencio” es lo único que teme. Por eso siempre mantiene una obra en proceso.
Con sus cuadernos antiguos como testigos y refugio creativo, sigue explorando esa conexión profunda entre pasado y presente en su escritura. La poesía para él no es solo arte; es vida misma. Y así continúa tejendo palabras mientras mira hacia adelante sin perder esa chispa que tanto lo caracteriza.

