Las calles de Son Güells han visto un movimiento inesperado en la madrugada de este martes. Un grupo de vecinos decidió salir a patrullar, cansados de la sensación de inseguridad que ha invadido su barrio. La falta de respuesta policial los ha empujado a tomar medidas en sus propias manos, recorriendo cada rincón con la esperanza de recuperar la tranquilidad que una vez conocieron.
La situación es alarmante. Robos, agresiones, carreras ilegales y hasta el consumo y venta de drogas son solo algunos de los episodios que han colmado la paciencia de quienes llegaron buscando un hogar pacífico. En lugar de eso, ahora viven con miedo y desconfianza. Uno de los vecinos comentó: «Vinimos aquí por un espacio residencial tranquilo, y ahora no podemos pegar ojo».
Una comunidad unida por el cambio
WhatsApp se ha convertido en el hilo conductor que une a esta comunidad decidida a hacer algo al respecto. La Asociación de Vecinos ha estado trasladando sus quejas al Ayuntamiento sin obtener respuestas efectivas. «Hemos pedido acción, pero desde que anunciaron el Plan, no hemos vuelto a saber nada», lamenta uno de los miembros del grupo.
A medianoche se juntan en un parque cercano; ya hay movimientos sospechosos antes incluso de comenzar su ronda. Un hombre escudriña dentro de un contenedor y rápidamente desaparece al verlos. A medida que avanzan por las calles oscuras, todos comparten historias sobre lo que han vivido: desde jóvenes drogándose en coches hasta caravanas donde sospechan se vende droga.
A pesar del miedo, estos valientes vecinos están decididos a no dejarse intimidar. «Nosotros queremos paz», afirman mientras caminan juntos bajo las estrellas, alertas y dispuestos a proteger su barrio. Durante su recorrido ven pasar vehículos policiales; sin embargo, estos apenas parecen prestar atención al grupo caminando bajo la luna.
A medida que avanza la noche comparten anécdotas y preocupaciones sobre el futuro del lugar donde viven sus hijos. Muchos han optado por adquirir sprays para defensa personal ante cualquier eventualidad porque saben que esta lucha es tanto por ellos como por sus familias.
Siguen listando inquietudes sobre el botellón descontrolado o las condiciones insalubres del entorno. Mientras miran hacia donde se agrupan caravanas mal aparcadas, uno exclama: «He contado hasta 75». Esta comunidad está decidida a frenar lo que consideran una crisis social.
Cuando concluyen su ronda, sienten una mezcla entre alivio y satisfacción; aunque saben que esto es solo el inicio. Han decidido no bajar la guardia porque están luchando por su hogar y por recuperar ese sentido comunitario perdido entre sombras e inseguridades.

