El descenso del Mallorca no ha dejado a nadie indiferente. Con una temporada llena de altibajos y decepciones, la realidad es que la plantilla ha rendido por debajo de las expectativas. Solo la mitad de los jugadores logra aprobar, y apenas cuatro superan el cinco en unas notas que saben a poco para lo que se esperaba.
La defensa ha sido un coladero, especialmente los laterales, mientras que el centro del campo ha estado más vacío que una playa en invierno. A pesar de los 23 goles de Muriqi, su esfuerzo no ha sido suficiente para tapar los agujeros evidentes en un equipo que se ha visto lastrado por un nivel muy bajo.
Las notas individuales reflejan la realidad
Cada jugador tiene su propia historia en esta amarga temporada. Leo Román, quien debía demostrar ser la elección correcta, nos dejó con más dudas que certezas. Lucas Bergström tuvo momentos interesantes pero nunca llegó a dar esa seguridad tan necesaria bajo palos. Por otro lado, Pablo Maffeo y Johan Mojica han hecho olvidar lo mejor de su juego; ambos han tenido una contribución escasa tanto en ataque como en defensa.
Y qué decir de Antonio Raíllo y Martin Valjent… sus niveles han bajado considerablemente y eso se nota en cada partido. Marash Kumbulla fue una decepción total al no poder consolidarse debido a constantes lesiones. Mientras tanto, David López trató de cubrir esa falta con entrega, aunque un error crucial ante el Levante podría marcar su carrera.
Samu Costa se erige como uno de los pocos salvables, mostrando calidad y compromiso cuando más se necesitaba. En contraste, Takuma Asano ni siquiera logró dejar huella esta temporada.
Con este panorama desolador, queda claro que hay mucho trabajo por hacer si el Mallorca quiere volver a brillar y evitar repetir este amargo capítulo. La afición merece mucho más; esperemos que esto sirva como lección para reconstruir un equipo competitivo.

