En un día que quedará grabado en la memoria de los aficionados, Antonio Raíllo y Abdón Prats fueron los últimos en dejar el césped de Son Moix. Mientras el estadio se iba vaciando poco a poco, la mayoría de sus compañeros se refugiaban en el vestuario tras el doloroso descenso, ellos dos se quedaron ahí, en medio del campo, con el peso de un fin de ciclo sobre sus hombros. La tristeza era palpable, pero los aplausos resonaban como un homenaje a su entrega y dedicación.
Una vuelta al campo llena de emociones
Abdón, con ese corazón que lo ha hecho un símbolo del Mallorca durante nueve temporadas, recorrió cada rincón del estadio agradeciendo a la afición su apoyo incondicional. Al acercarse al túnel de vestuarios, Omar Mascarell intentó consolarlo mientras ambos sabían que este podría ser su último adiós. Raíllo, otro emblema del club con diez años vistiendo la camiseta bermellona, también recibió el cariño genuino del público. Sin embargo, a pesar de ese amor evidente, era difícil no sentir que sus mejores días habían quedado atrás.
Pero no todo fue calor humano; antes del emotivo desenlace, varios jugadores tuvieron que hacer frente al descontento generalizado. La grada estalló pidiendo la salida de algunos futbolistas bajo gritos de “fuera” y “vagos”. Samu Costa y Antonio Sánchez fueron solo algunos nombres que escucharon las críticas después del fatídico partido que les costó perder la categoría.
Aquel final estuvo cargado de simbolismo: tanto en el césped como desde las gradas se sentía una despedida con aroma a cambio. Raíllo y Abdón caminaron lentamente hacia el vestuario entre aplausos sinceros, dejando tras ellos una atmósfera nostálgica que marcaba no solo un descenso deportivo sino también una etapa importante para todos los mallorquinistas.

