En la antigua prisión de Palma, un 70% de sus habitantes se enfrenta a una dura realidad: no pueden acceder a los servicios sociales. Esta situación ha generado un profundo malestar entre quienes residen allí, pues vivir en un lugar con tanta historia y carga emocional no debería significar renunciar al apoyo que necesitan.
Una comunidad que reclama dignidad
Mientras tanto, el alcalde de Palma ha declarado que residir en este antiguo penal es «una decisión personal» y que quienes viven allí no están en situaciones de vulnerabilidad. Pero, ¿realmente puede entender lo que sienten estas personas? Muchos vecinos ven esto como una clara desconexión con la realidad. Es fundamental recordar que detrás de cada cifra hay historias, luchas y sueños.
No se trata solo de un número frío; son familias, padres y madres que buscan construir un futuro mejor para sus hijos. La creación del Sindicato de Llogateres de Mallorca surge como respuesta a esta injusticia y al monocultivo turístico que amenaza con despojarles aún más. Ellos han decidido plantarle cara a la especulación y gritar bien alto: ¡basta ya!
Este es un llamado a la acción para todos nosotros. No podemos seguir ignorando lo que sucede bajo nuestro propio techo. La voz del pueblo tiene poder, y juntos podemos lograr cambios significativos en nuestra comunidad.

