La ilustradora Rocío Bonilla, conocida por su entrañable personaje Minimoni que ha conquistado corazones en 30 idiomas, se prepara para brillar este sábado en el festival Tinta Il·lustre, donde compartirá su pasión por el mundo de la ilustración a las 12 en el Casal Son Tugores, Alaró. En una charla íntima con Manu Mielniezuk, la creadora reflexionó sobre el camino del álbum ilustrado y cómo los niños de hoy navegan entre pantallas y papel.
La conexión con lo manual
En un mundo cada vez más digitalizado, Rocío nos cuenta que sus alumnos todavía prefieren lápices y papel. «Aún somos muy analógicos», dice con una sonrisa. Y es que para ella, la magia de crear un libro radica en la textura del papel y el trazo del lápiz. Aunque reconoce que hay obras digitales maravillosas, siente que su talento brilla más en lo manual.
Al abordar el tema de su exitoso libro ¿De qué color es un beso?, Bonilla no puede evitar sonreír al recordar cómo este personaje le abrió las puertas al panorama editorial internacional hace ya diez años. «Sería injusto decir que hay uno solo favorito; todos mis personajes tienen su lugar especial», afirma emocionada.
Su último trabajo, ¡Qué historia más bestia!, desafía los estereotipos clásicos, recordándonos que los sueños de dragones y princesas siguen vivos entre los pequeños lectores. «Defiendo que las obras clásicas deben preservarse como son», enfatiza mientras critica un revisionismo excesivo. Para ella, lo importante es acompañar a los niños en su comprensión del mundo literario sin perder la esencia de esos relatos que nos formaron.
Como autora apasionada por conectar con la preadolescencia –una etapa complicada donde los jóvenes exploran emociones intensas–, comparte anécdotas entrañables sobre sus lectores. «Recuerdo a esos niños ansiosos preguntando cuándo saldrá el cuarto libro; eso me llena de alegría». La sinceridad en sus palabras revela cuánto se preocupa por ellos y cómo busca brindarles historias significativas durante esa transición vital.

