El icónico grupo barcelonés, El Último de la Fila, se prepara para actuar este jueves en el Estadi Olímpic, marcando su tercera fecha en esta gira de reunión que comenzó hace poco más de un mes en Fuengirola. Treinta años han pasado desde su última gran aventura musical y el entusiasmo se siente en el aire. Con una banda que incluye a cinco de sus antiguos compañeros, están listos para recorrer esos clásicos que tantas emociones han despertado.
Una noche llena de emociones
Tras un primer concierto muy esperado, Quimi Portet expresa lo vivido: «Fue muy agradable. Vernos juntos tocando esos temas nos toca emocionalmente de una manera profunda», reconoce. Esa conexión con el público es palpable desde los primeros acordes, algo que sin duda marca la diferencia.
Pero tras tanto tiempo fuera del escenario, ¿se sienten realmente como El Último de la Fila? Manolo García sonríe y asegura: «Totalmente. Nos reímos igual, hay una complicidad absoluta entre todos nosotros». Este reencuentro no es solo profesional; es como volver a casa después de mucho tiempo, un hogar construido con pasión por la música.
A medida que avanza la conversación, surge la pregunta sobre las sorpresas en el setlist. Manolo menciona que son pocos conciertos y todo está bien medido: «Hemos intentado tocar lo que creemos que hará feliz a la gente». No obstante, Quimi añade con picardía: «Estas canciones fueron grabadas por personas jóvenes; ahora necesitamos recuperar esa urgencia juvenil».
En esta charla se deslizan anécdotas del pasado y reflexiones sobre su trayectoria. Su segundo álbum Enemigos de lo ajeno, cumple 40 años y aún resuena fuerte entre sus seguidores. Para Quimi es uno de los mejores discos junto a Astronomía razonable. Manolo también le da valor a otras obras pero admite que aquel disco refleja una intensidad única fruto de tiempos difíciles.
«Éramos un grupo raro», recuerda Manolo mientras rememoran cómo grabaron «Insurrección» casi al borde del caos.
Sin embargo, esa improvisación fue parte del arte; las canciones más memorables a menudo nacen así.
A pesar del paso del tiempo y las dificultades vividas, ambos artistas muestran su satisfacción por haber creado su propio sello discográfico, Perro Records. «Queríamos tener control absoluto sobre nuestra música», dice Manolo con firmeza. Y así fue como empezaron a moldear su camino lejos de imposiciones externas.
Desde aquellos días compartidos en conciertos hasta hoy, donde siguen encontrando humor y libertad en cada nota, queda claro que su vínculo va más allá de lo musical; es una amistad forjada en risas y pasiones compartidas. Al final del día, aunque puedan estar ocupados con la gira o pensando en nuevas creaciones futuras (o no), saben que siempre tendrán ese hogar llamado El Último de la Fila.

