La violencia no da tregua, y menos cuando se trata de odio. En Formentera, la tranquilidad habitual del lugar se rompió con una brutal agresión homofóbica que dejó a un hombre en estado grave. Este ataque no fue solo una paliza, sino un grito de odio al que nos negamos a volver la espalda.
Un eco de desesperación
Todo sucedió en plena calle, donde el atacante, lleno de rencor y prejuicios, lanzó insultos mientras golpeaba a su víctima. “¡Y además, marietas!” fueron las palabras que resonaron en el aire como si fueran un eco desgarrador. ¿Es esto lo que queremos para nuestra sociedad? La respuesta es un rotundo no.
La comunidad LGTBIQ+ sigue luchando por sus derechos y su visibilidad, pero estos actos nos recuerdan que aún queda mucho por hacer. No podemos permitir que el miedo gane terreno y tiren a la basura los avances logrados con tanto esfuerzo.
No es solo una cuestión de defensa; es una llamada a la acción colectiva. La indignación debe transformarse en unidad y resistencia. Es hora de alzar nuestras voces y poner fin a este ciclo de odio que amenaza con consumirnos.

