Sucesos

La alocada aventura de ‘El Piraña’, un niño delincuente y su obsesión por los Kadett GSI

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Era el 21 de febrero de 1992, y en las calles de Palma se respiraba tensión. La policía local estaba en plena búsqueda de pruebas tras un tiroteo que sacudió la calma. En medio de todo esto, un joven conocido como ‘El Piraña’, apodado así por su parecido con un personaje entrañable de la serie ‘Verano azul’, se había convertido en una auténtica pesadilla para las autoridades. Antonio B.A., con apenas quince años, ya tenía un historial delictivo que haría temblar a cualquiera.

Su debilidad por los Opel Kadett GSI, coches veloces y potentes, lo llevó a protagonizar una fuga épica que quedaría grabada en la memoria colectiva. Sin embargo, no solo era su afición por los coches lo que lo definía; también luchaba contra sus demonios internos: la cocaína y la heroína eran sus fieles compañeras. “Fui muy cabra loca”, decía al recordar su vida descontrolada, pero siempre buscando justificarse.

Un día de locura y disparos

Aquel fatídico día, ‘El Piraña’ decidió que quería otro GSI para su colección. Con astucia, logró abrir uno aparcado cerca del Paseo Mallorca y se lanzó a la carretera junto a su cómplice. Pero la Policía Local no tardó en actuar; un motorista comenzó una persecución que rápidamente se convirtió en una caza desenfrenada hacia el Parlament. Las sirenas sonaban mientras colocaban contenedores como barricadas.

En un giro inesperado, ‘El Piraña’ intentó atropellar a los agentes y uno de ellos no dudó en sacar su arma. Los disparos resonaron en el aire, pero uno rebotó desafortunadamente e hirió a un auxiliar de policía que quedó tendido sobre el asfalto. La confusión reinaba entre gritos y comunicados confusos: ¿quién había disparado? El caos se adueñó del lugar hasta que finalmente lograron detener al joven delincuente.

A pesar de ser solo otro episodio más en su carrera criminal —que incluiría más de treinta condenas— ‘El Piraña’ fue liberado poco después para volver a hacer lo único que sabía: delinquir. Un funcionario jubilado recordaba con nostalgia: “Era un peligro público, sí, pero nunca quiso hacer daño intencionadamente”. Y es que detrás del mito había un chico perdido atrapado por las circunstancias.

Mientras tanto, el auxiliar herido fue trasladado al hospital donde tuvo suerte al evitar daños mayores. “Si esa bala hubiera alcanzado algún órgano vital…” reflexionaba un compañero con preocupación genuina. Cada vez que alguien ve pasar un Opel Kadett GSI hoy por Mallorca, inevitablemente recuerdan a ‘El Piraña’. Una historia trágica marcada por decisiones erradas y sueños rotos.

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