MADRID, 2 de mayo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a dar que hablar con sus declaraciones irónicas sobre Cuba. En un evento reciente, el mandatario sugirió que su país podría «tomar el control» de la isla caribeña casi al instante. ¡Increíble! Mientras hablaba, incluso hizo referencia a un asistente del público originario de Cuba, diciendo: «Y él es de un lugar llamado Cuba, que tomaremos casi de inmediato», lo que arrancó risas entre los presentes.
Un tono distendido pero preocupante
Trump continuó su intervención enlazando esta supuesta acción con sus planes en Oriente Próximo. «Acabaremos primero con Irán; me gusta terminar el trabajo», comentó con esa actitud tan desenfadada que le caracteriza. Más adelante, describió cómo planea desplegar fuerzas estadounidenses en la región: «De regreso de Irán, haremos que uno de nuestros grandes portaaviones se acerque y nos digan: ‘Muchas gracias, nos rendimos'», refiriéndose a cómo podrían reaccionar las autoridades cubanas ante una hipotética amenaza.
A pesar del tono jocoso, estos comentarios se dan en un contexto serio. Este mismo viernes se emitió una orden ejecutiva para reforzar las sanciones contra el Gobierno cubano y aquellos asociados a él. Washington justifica estas medidas argumentando que La Habana representa una amenaza para su seguridad nacional por sus conexiones con países considerados hostiles y por la represión interna que ejerce.
En respuesta a las nuevas sanciones, el ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, no dudó en calificar estas acciones como coercitivas e ilegales. Y añadió contundente: «No van a amedrentarnos». Así están las cosas; mientras algunos ríen ante declaraciones peligrosas y provocativas, otros luchan por mantener su dignidad frente a presiones externas.

