Después de un año en silencio, La Pegatina ha decidido retomar su esencia en ‘Fuegos del barrio’. Este nuevo disco marca un cambio radical tras dos álbumes cargados de producción y colaboraciones. Adrià Salas, el alma del grupo, lo describe como un regreso a lo crudo, pensado para llevar la energía de sus conciertos al estudio. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que con un sonido auténtico y sin artificios? Aquí no hay baladas melancólicas ni adornos innecesarios.
El barrio como inspiración
La banda, que ya lleva 23 años haciendo vibrar al público, siente que su música se ha quedado algo desubicada en la actualidad. “Hoy en día suena otra cosa en las radios”, reconoce Salas. Pero eso no les detiene; más bien los impulsa a rendir homenaje a sus raíces y a la comunidad que los ha acompañado durante todo este tiempo. Rubén Sierra, otro de los integrantes, explica: “Hemos pasado más tiempo en casa y sentíamos esa necesidad de volver a tocar en la calle, de sacar la guitarra entre amigos”. Y es que ‘Fuegos del barrio’ está impregnado del espíritu festivo de las tradiciones locales.
Desde la portada hasta el contenido musical, todo resuena con una influencia mexicana innegable. Colores vibrantes y calaveras decoran su arte gráfico, mientras que ritmos como el ska y la rumba marcan el compás del álbum. Con cada canción buscan conectar con su público: “No podemos permitirnos dejar temas fuera porque queremos mantener esa energía viva”, afirma Salas.
Aunque este disco parece alejado de las presiones comerciales habituales, La Pegatina tiene claro que su camino es diferente: “Si seguimos resonando con nuestra gente es porque nos hemos mantenido fieles a nosotros mismos”. Y así lo reflejan también en sus presentaciones: siempre llenos de sorpresas y dinámicas interactivas.
Su conexión con Montcada i Reixach se hace evidente incluso con un mural dedicado al grupo que adorna la entrada del pueblo. Además, están preparados para ser los pregoneros de la fiesta mayor este 21 de mayo. Su plan es claro: seguir girando por España y el mundo durante dos años, llevando consigo ese espíritu comunitario tan característico.

