En un rincón del Centre del Carme de Valencia, se está viviendo una experiencia única con las obras de Chema Madoz. Este fotógrafo madrileño, con una trayectoria impresionante que le ha valido el Premio Nacional de Fotografía, nos invita a un viaje visual donde la literatura y la música se entrelazan. Desde febrero hasta mayo, su exposición ‘Letra y Compás’ despliega 50 fotografías que son más que simples imágenes; son auténticas poesías visuales.
Un mundo donde lo cotidiano cobra vida
Madoz habla sobre su arte con pasión, reconociendo que siempre busca trabajar con códigos accesibles tanto para él como para el espectador. Para este artista, cada fotografía es una oportunidad para establecer vínculos, no solo con los objetos que captura, sino también con las personas que las observan. “La idea era reunir imágenes que compartieran un nexo común”, explica mientras detalla cómo cada objeto cotidiano —desde animales hasta libros— cuenta una historia.
Pero no todo es sencillo en este proceso creativo. “Lo más complicado es establecer esa relación inicial”, confiesa Madoz. Una vez encuentra ese hilo conductor, el resto fluye. Utiliza técnicas ortodoxas de fotografía para transformar lo ordinario en extraordinario. Y siempre lo hace en blanco y negro, un estilo que considera le permite distanciarse de la realidad inmediata y explorar nuevas dimensiones.
El fotógrafo también reflexiona sobre los cambios en el panorama artístico actual. “Estamos en un momento convulso”, dice al mencionar la llegada de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Aunque no teme por su trabajo ante estas innovaciones, sí reconoce que muchas imágenes creadas por IA carecen de “alma”. “Son sorprendentes pero aún les falta concepto”, añade.
En esta era donde todo parece desdibujarse entre lo real y lo ficticio, Madoz sigue confiando en la capacidad de la fotografía para conectar a las personas sin importar barreras lingüísticas o culturales. Su arte genera complicidad; su humor e ironía resuenan universalmente.
A medida que avanza su carrera hacia nuevas exposiciones en Madrid y otras ciudades, Chema Madoz continúa explorando un mundo lleno de posibilidades artísticas mientras mantiene viva la esencia del asombro ante lo cotidiano.

