La historia de una travesía desgarradora tuvo lugar el pasado 10 de abril, cuando una patera con 21 personas a bordo llegó a las aguas de Mallorca. Lo que debería haber sido un rescate se convirtió en una lucha por la supervivencia. El patrón, un hombre argelino, no solo era el capitán de la embarcación; también se había convertido en un verdadero peligro para sus pasajeros. Con amenazas aterradoras, les dijo que los quemaría si no le daban más dinero. Pero aquí es donde la valentía se hizo presente.
Un giro inesperado
Los migrantes, temerosos pero decididos, encontraron la forma de desarmarlo y atarlo. Así fue como esta barca quedó a la deriva durante 32 largas horas en el mar. Fue un momento crítico: entre gritos y desesperación, el patrón lanzó al agua el GPS, dejando a todos sin rumbo y sin esperanza aparente.
Sin embargo, lo que parecía una condena inminente se transformó gracias a la tenacidad de estos hombres y mujeres que habían arriesgado todo por un futuro mejor. Al final, algunos lograron captar señal con sus móviles y pudieron pedir ayuda. Salvamento Marítimo llegó justo a tiempo para rescatarles cerca de la Punta Picamoscas en Cabrera.
Una vez en tierra firme, fueron trasladados al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE), donde recibieron asistencia. La Policía Nacional no perdió tiempo; rápidamente empezaron las entrevistas para asegurar que ninguno fuera víctima de delitos más graves durante su odisea marítima.
Aquel día marcado por el miedo también dejó huella en los agentes del Grupo 1 de la UCRIF, quienes luego detuvieron al patrón por ser presunto autor del delito relacionado con la inmigración irregular y pertenencia a una organización criminal. Ahora este hombre enfrenta las consecuencias tras pasar a disposición judicial y terminar tras las rejas.

