En una noche mágica en el Estadio Diego Armando Maradona, el Nápoles se impuso de manera contundente al Cremonese con un claro 4-0. Esta victoria no solo les devolvió la sonrisa a sus aficionados, sino que también retrasó el alirón del Inter de Milán, que tendrá que esperar un poco más para celebrar su título.
Un comienzo fulgurante
Apenas habían pasado dos minutos cuando los locales ya estaban celebrando. Una jugada brillante orquestada por De Bruyne, quien asistió a McTominay, culminó en un disparo cruzado desde la frontal que dejó sin opciones al portero rival. El MVP de la Serie A del año pasado, sin duda, volvió a demostrar su valía. La superioridad del Nápoles fue evidente durante todo el partido, especialmente después de algunos tropiezos recientes ante Lazio y Parma.
No pasó mucho tiempo antes de que Hojlund ampliara la ventaja a 2-0 justo antes del descanso, aunque con un poco de fortuna; su disparo tocó en un defensa y desvió su trayectoria, dejando a Terracciano sin reacción. Y como si fuera poco, ya en el descuento de la primera parte, De Bruyne se lució nuevamente al firmar el 3-0 con una jugada espectacular.
Tras la reanudación, Alisson Santos se sumó a la fiesta con un cuarto gol que desató los vítores entre los hinchas napolitanos. Aunque hubo una oportunidad clara para conseguir el quinto desde el punto penalti —donde McTominay falló ante un inspirado Audero— eso no empañó una noche donde cada rincón del estadio vibraba al ritmo del buen fútbol.
Sí, podría haber sido aún más abultado, pero lo cierto es que este triunfo reafirma las aspiraciones del Nápoles en su lucha por alcanzar ese subcampeonato frente al Milan. Con esta victoria, dejan atrás las dudas y miran hacia adelante con determinación.

