En un día que prometía ser frenético por la festividad de Sant Jordi, Han Kang, la laureada autora surcoreana y premio Nobel, decidió tomarse un respiro. Se paseó tranquilamente por el emblemático paseo de Gràcia, justo antes de que los coloridos puestos llenaran las calles con libros y flores. Aunque muchos podrían pensar que su mundo literario está marcado por una cierta timidez, lo cierto es que la escritora se mostró relajada, con una sonrisa que oscilaba entre lo amable y lo enigmático.
Una jornada controlada para una autora singular
La realidad es que este evento no fue como cualquier otro; detrás de su firma solo había un puñado de afortunados: 100 libros firmados, ni uno más. A pesar de haber vivido momentos complicados previamente, como el aluvión de 400 lectores en su presentación en el CCCB, aquí todo estaba organizado al milímetro. La cola ordenada en el patio de La Central del Raval, donde algunos llevaban papeletas numeradas como quien guarda un tesoro, hacía posible disfrutar del momento sin agobios.
Mientras unos pocos se llevaban sus ansiados recuerdos firmados, otros tantos se quedaban con las ganas. Pero eso no mermó el entusiasmo del público presente. Muchos jóvenes aprovecharon para regalarle pequeños obsequios: desde dragones de peluche hasta poemas escritos a mano. Entre ellos destacaba Miriam, una lectora canaria que recordó cómo La vegetariana le dejó huella: “Me estaba contando algo profundo que aún no comprendía del todo”, compartió emocionada.
A medida que los libros iban pasando por sus manos, cada dedicatoria era un símbolo del vínculo entre Han Kang y sus lectores. Firmas en inglés, chino e incluso húngaro eran testigos del impacto internacional de su obra. Para Seoyoon, una joven coreana residente en Barcelona desde hace años, estos encuentros son una forma mágica de reconectar con sus raíces.
Pese a la avalancha humana propia del evento literario más grande del año, Han Kang se mostró feliz y agradecida por la fiesta literaria a la que había sido invitada. Y así transcurrió un día lleno de emociones y letras; porque detrás de cada firma hay historias compartidas entre la autora y sus lectores.

