La atmósfera en el Santiago Bernabéu era palpable. Cada vez que Vinicius tocaba el balón, el murmullo se transformaba en silbidos; un claro mensaje de desaprobación de los aficionados. Y no solo él lo sintió, porque la grada también tenía algo que decirle a Kylian Mbappé. En una noche marcada por la frustración tras la eliminación en Múnich, el estadio dejó claro que aquí no hay lugar para la mediocridad.
La exigencia del madridismo
A pesar de las palabras optimistas de Arbeloa antes del partido, quien decía sentirse respaldado por el madridismo, los primeros pitos no tardaron en llegar. La afición estaba acumulando rabia después de una temporada decepcionante y quería verlo reflejado en el campo. El talento y el estatus no inmunizan a nadie en este club; ni siquiera a estrellas como Vinicius y Mbappé, quienes pasaron de ser admirados a ser criticados sin escalas.
Vinicius fue quien más sufrió esa presión, mientras que Mbappé vivió su primera experiencia con esta severidad. ¡Qué lección! En Chamartín, cada fallo resuena con fuerza y los errores son castigados sin piedad.
Mbappé logró marcar un gol tras una jugada fortuita que parecía más un rebote que otra cosa. Sin embargo, ante las pitadas del público decidió no celebrar su tanto, aunque sí intercambió sonrisas con sus compañeros. Es curioso pensar que este jugador lleva ya 41 goles esta temporada; es impresionante pero nunca es suficiente para un madridista si esos tantos no llegan cuando realmente se necesitan.
Y así se vive la pasión blanca: siempre exigiendo más, incluso a quienes están entre los mejores goleadores del mundo.

