La historia que hoy nos ocupa comienza con un hombre español de 57 años que, tras una noche de excesos, decidió que era buena idea subirse a su coche. El resultado no fue otro que un accidente en la famosa rotonda flotante de Son Rapinya. ¿Qué pasó? Pues que este individuo no solo se saltó las normas del tráfico, sino que además triplicó la tasa máxima permitida de alcohol en sangre. Todo esto ocurrió el lunes 13 de abril, alrededor de las 07:45 horas, cuando una patrulla de la Unidad Motorizada (UMOT) se encontraba regulando el tráfico cerca de un colegio.
Una mañana caótica
Al acercarse al lugar del siniestro, los agentes se encontraron con un coche destrozado y su conductor visiblemente desorientado. Se había estrellado contra un pequeño muro a la derecha de la calzada, y todo apuntaba a que había perdido el control por completo. Al hablar con él, los policías notaron enseguida que algo no iba bien: olía a alcohol y tenía esa mirada perdida típica después de haber estado bebiendo.
Cuando le realizaron la prueba de alcoholemia, los resultados fueron alarmantes: 0,69 mg/l, casi tres veces más del límite legal permitido. Esto es lo que llamamos un claro caso de imprudencia al volante. Por ello, ahora está bajo investigación como presunto autor de un delito contra la seguridad vial.
Así es como una mala decisión puede llevarte a poner en riesgo no solo tu vida, sino también la seguridad de otros. ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando las advertencias sobre el alcohol y la conducción?

