La tarde de este lunes, a eso de las 14:30, el paisaje tranquilo de Orient, en Bunyola, se vio interrumpido por un incendio forestal que ha dejado su huella en 2,5 hectáreas de mata y olivares. Aunque el fuego ya está controlado, no podemos dejar de sentir una punzada en el corazón al pensar en lo que ha perdido la tierra.
Los héroes del momento
El aviso llegó rápido y los efectivos aéreos y terrestres del Institut Balear de la Natura (IBANAT) saltaron a la acción. Con dos medios aéreos, dos autobombas y un equipo compuesto por 13 bomberos forestales junto a tres agentes de medio ambiente, se desplegaron con rapidez para combatir las llamas. Gracias a su esfuerzo coordinado, sobre las 17:00 horas lograron estabilizar la situación.
Afortunadamente, las primeras inspecciones revelaron que nadie resultó herido ni hubo daños en las viviendas cercanas. Esto permitió clasificar el incidente como nivel 0 de gravedad. Pero no podemos olvidar que cada hectárea quemada es un recordatorio doloroso de lo frágil que es nuestro entorno. Y aunque hoy hemos respirado aliviados al controlar el fuego, queda la preocupación sobre cómo proteger nuestro patrimonio natural ante estos incidentes futuros.

