Natalia Rodríguez se presentó este miércoles en el Palau de la Premsa, sosteniendo un cartel que decía «prohibido olvidar». Desde 2013, su vida ha estado marcada por la desaparición de su hija, Malén Ortiz, en Son Ferrer. A pesar del dolor y las adversidades, Natalia no se rinde y busca respuestas. En una entrevista con Última Hora, compartió que esta semana ha solicitado a la Guardia Civil que la UCO (Unidad Central Operativa) de Madrid tome las riendas de la investigación: «Si han podido encontrar a Francisca Cadenas en Badajoz, también pueden hallar a mi hija».
Una historia de desesperación y esperanza
El esclarecimiento del caso de Francisca fue un golpe devastador para muchos. «Estuvimos en una reunión con familias de desaparecidos y dos días después hallaron su cadáver», recordó Natalia, quien aún siente el eco del dolor ajeno como si fuera propio. La noche que Francisca desapareció, los agentes entraron en casa de los sospechosos pero se fueron sin hacer nada significativo. Todo parece indicar que estaba allí, justo bajo sus narices.
A medida que avanza su relato, Natalia revela el vínculo especial formado entre las familias afectadas por estas tragedias. «Nos hemos vuelto una familia rota entre tantas otras», dice con tristeza. Cada vez que se encuentra un cuerpo o se detiene a un culpable, es un puñal al corazón para ellos, pero también una pequeña luz de justicia.
Decidida a obtener respuestas tras más de doce años esperando algo sobre Malén, Natalia argumenta: «La UCO tiene recursos humanos y técnicos increíbles; necesitan actuar ya». Aunque mantiene contacto regular con los investigadores locales, siente que no es suficiente. La urgencia es palpable: «¿Qué le pasó esa tarde del 2 de diciembre?» Cada día es una agonía interminable.
A pesar del tiempo transcurrido desde su solicitud inicial el 23 de marzo para la intervención inmediata de la UCO, aún no ha recibido respuesta. La frustración crece mientras aguarda noticias sobre el estado del sumario. Y aunque reconoce que todo lleva tiempo, Natalia manifiesta una crítica clara: hay desaparecidos considerados prioritarios y otros relegados al olvido. Esto no debería ser así; todas las vidas tienen igual valor.
En cuanto a los supuestos implicados en la desaparición de Malén, expresa sus dudas: «No sé si fueron uno o varios quienes se llevaron a mi hija; solo tengo intuiciones». Pero lo que más duele es la falta aparente de empatía hacia ellas y todos los afectados por estos casos tan desgarradores.
Con voz firme pero cargada de emoción concluye: «No puedo imaginar lo duro que es despertar cada mañana sin saber nada sobre tu propia hija. Ya han pasado doce años… Por eso me aferro a la esperanza; solo la UCO puede ayudarme ahora.»

