Imagina la escena: un joven de 24 años, con raíces sudamericanas, entra en el Bar Ca’n Miquel de Binissalem como si nada. Todo parecía normal, un cliente más en esta pintoresca calle que, para colmo, se encuentra a apenas cien metros del cuartel de la Guardia Civil. En los pueblos, todo está tan cerca que parece un chiste malo.
Pero este chico no estaba allí solo para pedir una caña. Aprovechando un despiste de una empleada del bar, se acercó sigilosamente a la caja y robó casi 200 euros. ¡Y salió corriendo! La dueña del bar no podía creerse lo que estaba ocurriendo. Al llegar frente al cuartel, corrió a dar la voz de alarma y describió al ladrón y su medio de escape: una motocicleta.
La caza comienza
Los agentes no perdieron tiempo. Con rapidez digna de una película de acción, comenzaron a rastrear la zona y buscar las salidas del municipio. En cuestión de minutos avistaron a un joven en moto que cumplía con las características dadas por la propietaria del bar. No había margen para dudas; no es común ver a tantos jóvenes huyendo como si llevaran el alma al diablo tras robar en un local.
Así fue como la Guardia Civil interceptó al ladrón y lo detuvo por hurto. Lo mejor es que recuperaron los 180 euros, y todo volvió a su cauce en un abrir y cerrar de ojos: el dinero regresó al bar y el joven terminó tras las rejas. ¿Quién podría imaginarse que robar tan cerca del cuartel tendría tal desenlace? La vida te da sorpresas.

