Era marzo de 1991 cuando la vida de José G.C., un exguardia civil conocido en Palma, dio un giro fatal. Junto a su novia, María del Carmen L.M., fueron hallados al borde de la muerte en su piso en Verge de Lluc. La escena era escalofriante: una pistola Star de 9mm reposaba a sus pies, y el eco de dos disparos resonaba aún en los oídos de los vecinos. Un crimen que sacudió la tranquilidad de la barriada y dejó más preguntas que respuestas.
Un amor desgastado por el tiempo
José, con 51 años y padre de nueve hijos, había dejado la Guardia Civil por motivos oscuros que nunca se aclararon del todo. María del Carmen, separada y madre de tres, llevaba ocho años construyendo una relación con él. Sin embargo, las cosas no iban bien; aunque seguía visitándola casi a diario, habían decidido tomar caminos separados últimamente.
El lunes 25, justo después del mediodía, uno de los hijos salió a hacer unas compras. Poco después llegó José y lo que ocurrió después es difícil de imaginar. A las 12:15 horas dos disparos rompieron la calma del barrio. El chico regresó para encontrarse con una escena dantesca: su madre y su pareja estaban heridos gravemente.
María estaba boca abajo junto a la cama con un disparo en la cabeza; José estaba sentado en una silla con otro impacto visible en su rostro. Ante esta pesadilla, el hijo no dudó ni un segundo y pidió ayuda gritando. Los primeros en llegar fueron agentes de Policía Local que sellaron el lugar hasta que llegó el Grupo de Homicidios.
A pesar del esfuerzo por salvarla, María fue evacuada rápidamente al hospital pero ya era demasiado tarde; llegó sin vida. José también fue trasladado pero sucumbió esa misma tarde a sus heridas. Las investigaciones revelaron que él había disparado primero contra ella antes de decidir acabar también con su propia vida.
La autopsia pintó un retrato sombrío: el amor había degenerado en celos incontrolables y desesperación cuando José se dio cuenta que estaba perdiendo a alguien tan querido como María del Carmen.
En medio del dolor que dejó este crimen nos queda reflexionar sobre lo frágil que puede ser el amor cuando se ve afectado por sombras como los celos y las inseguridades.

