La tranquilidad de la noche en Santa Catalina se vio interrumpida el sábado por un robo que dejó a los restauradores con el corazón en un puño. A las cuatro de la madrugada, dos jóvenes irrumpieron en el famoso Sa Ronda, y solo tres días después, repetían su hazaña en el bar Cosmópolis. Germán Cano y Walter Víctor Petrullo, los afectados, vivieron casi el mismo drama, como si la suerte les hubiera jugado una mala pasada.
En medio de las celebraciones por el Dia de les Illes Balears, Germán recuerda cómo rompieron la puerta corredera y uno de ellos se llevó la caja con unos 2.100 euros. «Eso es lo que más me dolió», dice con rabia contenida. Para él, no solo fue un golpe económico; fue una sensación amarga al ver que le robaron tres o cuatro días de trabajo. Con más pena que rabia, añade: «Lo peor es la impunidad. Si los cogen, se declaran insolventes y aquí no ha pasado nada». Y aunque la policía llegó casi al instante, los ladrones lograron escapar gracias a su rapidez.
Comerciantes unidos ante el temor
Walter también recibió esa llamada a las cinco de la mañana del jueves: su bar había sido desvalijado. «Al principio pensé que había perdido toda la jornada», cuenta angustiado. Pero al menos salvó algo gracias a los pagos con tarjeta; aún así, alrededor de 700 euros fueron a parar a manos ajenas. En este caso también rompieron una puerta y actuaron con sorprendente rapidez.
A raíz de estos robos, los comerciantes del barrio han decidido estar más alerta que nunca. Aunque Walter aclara: «No es una oleada; son hechos puntuales». Las cámaras de seguridad están echando luz sobre esta pesadilla nocturna; se puede ver claramente cómo entraron y salieron corriendo. Susana, del local El Puente, incluso asegura haberlos visto pasar antes de subirse a un taxi frente al hotel cercano.
Aunque por ahora no hay pistas concluyentes sobre los ladrones, todos esperan que caiga sobre ellos todo el peso de la ley. La situación está tensa entre quienes trabajan en esta zona tan querida para todos nosotros.

