Es complicado llevar la cuenta de los incendios que se han declarado en la antigua cárcel de Palma. En las últimas semanas, este lugar ha sido escenario de varios siniestros que nos hacen cuestionar su futuro. De hecho, el Ajuntament ya está moviendo ficha para desalojar a quienes aún habitan allí, un proceso que parece más cercano cada día.
Este miércoles por la mañana, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) se presentó en el lugar para ayudar a los afectados a presentar sus alegaciones ante el Cort. Ángela Pons, portavoz del grupo, no se ha cortado al decir: «Sin alternativa habitacional no se puede echar a la gente. Tenemos sentencias del Tribunal Supremo que así lo avalan». Es un grito desesperado por justicia en medio del caos.
Nueva alarma por fuego
Poco después, alrededor de las 20:15 horas, el 112 recibió otro aviso sobre un incendio. Esta vez, según fuentes policiales, fue rápidamente controlado y afortunadamente no hubo heridos. Sin embargo, los vecinos y ‘okupas’ estaban agolpados frente a las puertas con preocupación: «Se ha incendiado una celda, hay cerca de 20 personas a las puertas», comentaba un testigo inquieto.
El fuego se concentró en un pequeño habitáculo donde hace unos días dormían cinco personas y un perro. La respuesta rápida de los Bombers de Palma evitó mayores desastres y gracias a la Policía Local, que estaba presente durante todo el día para mantener el orden, la situación pudo estabilizarse.
Aún queda mucho por hacer en este lugar abandonado desde hace años. La acumulación de basura dentro del recinto es uno de los factores principales detrás de estos incendios recurrentes. Justo ese mismo miércoles, operarios de Emaya lograron retirar más de tres toneladas de desperdicios acumulados en las antiguas viviendas de funcionarios penitenciarios.
Este último incendio es solo una pequeña parte del complejo rompecabezas que representa esta prisión histórica y deja claro que necesitamos soluciones reales y efectivas para poner fin a esta situación tan preocupante.

