En el barrio de Son Xigala, un coche fúnebre se ha convertido en el protagonista inesperado de la semana. Desde hace días, los vecinos no pueden evitar mirarlo con recelo. Abandonado y solitario, este vehículo parece haber traído consigo una sombra de inquietud que ronda por las calles. La Policía Local de Palma ha recibido numerosas quejas de quienes, cansados de verlo ahí parado, piden su retirada.
¿Quién podría culparlos? Ver un coche funerario estacionado durante tanto tiempo resulta perturbador. Y es que, como bien dicen algunos vecinos, “no es muy agradable recordar lo inevitable cada vez que salimos a comprar pan”. Pero aquí viene la trampa: según la normativa policial, el tipo de vehículo no influye en su posible retiro; hay un proceso a seguir.
La burocracia frente al miedo
La ley establece que el coche debe estar abandonado más de 10 días y mostrar signos evidentes de deterioro para poder colocar un adhesivo informativo. Después, se le da al propietario 21 días para moverlo antes de que sea llevado al depósito municipal. Una espera angustiosa para los residentes del barrio, quienes ven cómo su tranquilidad se ve afectada por este recordatorio constante del paso del tiempo.
Aunque la Policía asegura que deben cumplir con estos pasos rigurosamente, los vecinos ya comienzan a preguntarse si algún día verán desaparecer ese coche tan inquietante. Al final del día, solo queda una pregunta en el aire: ¿estaba muerto o simplemente estaba de parranda? El tiempo lo dirá.

