Hoy, en una sala de la Audiencia Provincial de Palma, se escuchó una historia desgarradora. Una joven se armó de valor para acusar a su padrino, el marido de su tía, de haber abusado sexualmente de ella cuando apenas era una niña. Desde los 6 hasta los 12 años, este hombre supuestamente aprovechó cada oportunidad para aprovecharse de su inocencia.
Un relato doloroso que busca justicia
La Fiscalía no ha tardado en actuar y ha solicitado una pena de 12 años de prisión por un delito que no debería existir. Además, exige una indemnización por daños morales que asciende a 15.000 euros. Durante la vista, la joven narró con lágrimas en los ojos cómo esos episodios se repitieron decenas de veces. Cada vez que iba a dormir a casa de su tía, esa pesadilla regresaba como un fantasma inquebrantable.
El primer abuso ocurrió en 2007. Era verano y ella estaba disfrutando del sol cuando el sospechoso la llevó a una autocaravana bajo el pretexto de jugar. Pero ese juego se tornó oscuro rápidamente: le quitó la ropa y comenzó a tocarla indebidamente. Ella no comprendía del todo lo que sucedía; pensaba que ir allí era divertido porque había tecnología y le daban lo que quería comer.
Sin embargo, tras las sonrisas compartidas y las risas del salón al ver la tele con su tía, llegaban esos momentos aterradores en los que él le pedía «un masaje»… Y así empezaba otro ciclo cruel: quitarle la camiseta y tocarla sin piedad. “Me introdujo los dedos y me obligó a hacer cosas inimaginables”, confesó ante un tribunal que escuchaba en silencio.
A pesar del sufrimiento acumulado durante tantos años, no fue hasta abril del 2022 cuando finalmente decidió hablar. La carga emocional era inmensa; sabía que eso no eran «cosas de adultos», pero por amor hacia su tía temía romper esa relación familiar tan cercana.
No obstante, aquí está el dilema: ¿cómo demostrar algo que ocurrió hace tanto tiempo? La realidad es dura; siempre será la palabra de esta valiente mujer contra la del acusado. Aunque ella tiene toda nuestra empatía y apoyo incondicional, lamentablemente el tiempo juega en contra cuando se trata de buscar justicia.

