Era un 4 de enero del 91, una fecha que marcó a muchos. Los taxistas de Calvià, cansados y desesperados, decidieron que era el momento de alzar la voz contra sus compañeros con Licencia C. La tensión se había acumulado durante días y la huelga por la Ley de Transporte había encendido la chispa. Acusaban a los taxis C de ser competencia desleal y ya no podían más con esta situación.
Cuando las palabras se convierten en violencia
El ambiente estaba cargado, palpable. En Mallorca había unos 140 coches con Licencia C y los taxistas tradicionales exigían que ese número se redujera drásticamente, hasta solo 25. Su demanda era clara: querían dejar de recoger clientes comunes y concentrarse en aquellos que pertenecieran a un sector más lujoso, como originalmente se esperaba.
Así comenzó la jornada del viernes, después de una noche llena de discusiones. Un grupo se reunió cerca del hotel Bonanza Playa en Illetes; allí estaban protestando sobre unas veinte almas, cuando empezaron a llegar más compañeros dispuestos a luchar por su causa. Todo parecía controlado gracias a dos policías locales presentes, pero pronto el ambiente cambió por completo.
Los gritos fueron escalando y lo que empezó como un intercambio verbal terminó con una oleada de furia: uno tras otro, los vehículos Clase C comenzaron a volcarse mientras algunos taxistas arremetían contra ellos. Fue un caos absoluto y entre todo esto, Pedro Martorell quedó atrapado dentro de su coche, sufriendo graves lesiones en su columna vertebral que requirieron atención médica inmediata.
Los agentes locales no pudieron contener lo sucedido y pidieron refuerzos. Al poco tiempo llegaron patrullas de la Guardia Civil y más policías locales; sin embargo, muchos ya habían desaparecido del lugar antes de que pudiera hacerse algo al respecto.
El Juzgado de Instrucción número 9 en Palma decidió abrir diligencias para investigar lo ocurrido mientras identificaban a los implicados gracias a los testigos presentes. Trece taxistas fueron arrestados esa misma tarde; algunos eran figuras muy conocidas dentro del gremio calvianense.
Aquellas detenciones pasaron rápidamente a disposición judicial y aunque quedaron en libertad con cargos, el daño ya estaba hecho. Los tres vehículos volcados sufrieron grandes pérdidas económicas y la salud del conductor herido añadió más leña al fuego legal. Así fue como aquel día lleno de rabia se convirtió en una anécdota inolvidable para Mallorca.

