La tarde del viernes, la tranquilidad de una vivienda compartida en Manacor se transformó en un escenario de caos y agresión. Todo comenzó con una discusión entre dos compañeros de piso que, como suele pasar, tuvo su origen en algo tan cotidiano como el uso del baño. Pero esta vez, la cosa se puso fea.
Según cuenta la víctima, estaba tranquilamente haciendo lo suyo cuando empezó a escuchar golpes en la puerta y gritos descontrolados. «Sal de ahí, te estoy esperando», le gritaba su compañero desde el pasillo. La situación no tardó en escalar y tras varios minutos de tensión, decidió abrir la puerta. ¿Qué ocurrió? Recibió un par de puñetazos directamente en la cara. El impacto fue brutal; uno de esos golpes le dejó marcas visibles cerca del ojo derecho.
Un mordisco para recordar
El hombre relata que su agresor no solo lanzó puños: “Me agarró las manos y me mordió”, dice con incredulidad aún reflejada en su rostro. El resultado fue una herida que necesitó cinco puntos de sutura. Tras sufrir este ataque inesperado, no tuvo más remedio que dirigirse al centro médico local para recibir tratamiento por sus contusiones y esa herida sangrante.
A medida que se conocía lo sucedido, la Policía Nacional llegó a la casa donde ocurrió todo para dar con el responsable del ataque. Y allí estaba él, aún viviendo bajo el mismo techo que su víctima. La consecuencia fue clara: detención por un delito de lesiones. Así es como una simple trifulca por un espacio común puede llevar a situaciones extremas; nos recuerda lo frágiles que pueden ser nuestras convivencias.

