En la tranquila zona del Coll d’en Rabassa, un hecho ha sacudido la rutina de sus vecinos. Esta madrugada, un hombre polaco de 47 años perdió la vida tras ser sometido a una pistola táser por la Policía Nacional. La escena se tornó dramática cuando varios agentes llegaron a su casa, alertados por gritos y destrozos dentro de su vivienda en la calle Cristina Valls.
Una vecina que vive en el mismo bloque no pudo evitar comentar: «A veces lo oía gritar». Pese a los episodios tumultuosos, ella recordaba al fallecido como alguien simpático. Aún así, la situación se complicó cuando los policías intentaron calmarlo; el hombre, agitado y fuera de sí, terminó enfrentándose a ellos. Fue entonces cuando decidieron usar el táser para inmovilizarlo, una acción que lamentablemente le provocó una parada cardiorrespiratoria.
El eco del luto en el vecindario
A pocas horas del incidente, la atmósfera en el barrio era de calma tensa. Muchos vecinos apenas se enteraron de lo ocurrido durante la mañana. Algunos estaban completamente ajenos al suceso; otros empezaban a conectar las piezas. Una vecina cercana resaltó que, más allá de los problemas que pudiese tener el fallecido, su familia -su mujer y sus hijos- eran personas maravillosas.
A pesar de ser reconocible por su gran estatura y corpulencia, otro vecino admitió que nunca había intercambiado palabras con él; solo lo había visto pasar alguna vez. La mayoría, al preguntarles sobre el acontecimiento, manifestaron sorpresa: «No conocía al hombre», decían algunos con incredulidad.
This tragic event has cast a shadow over the community and raises questions about how we handle mental health crises and police interventions in our neighborhoods.

