En una fría tarde de enero en Palma, la tranquilidad se rompió cuando un joven argelino decidió romper las normas y meterse en problemas. Mientras intentaba robar dentro de un coche que pertenecía a un familiar de un hombre que pasaba por allí, el ladrón se vio acorralado. Lo que comenzó como un simple robo, se tornó en una situación tensa cuando el testigo, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, decidió intervenir.
Aquel hombre, que trabajaba cerca, no podía quedarse con los brazos cruzados. Con valentía se acercó a los dos individuos que estaban dentro del vehículo. Uno de ellos salió corriendo como si le persiguiera el diablo, pero el otro, el más audaz o tal vez el más imprudente, se quedó plantado y sacó una navaja. «Quítate de en medio o te voy a rajar», le dijo al testigo sin inmutarse. Y así, con esa amenaza inquietante flotando en el aire, se marchó a pie.
Una persecución inesperada
Pero aquí no termina la historia. El testigo no era de los que tiran la toalla fácilmente. Se subió rápidamente a su furgoneta y empezó a perseguir al ladrón. En lugar de huir asustado, este se acercó nuevamente al vehículo para volver a lanzar amenazas y hasta patearlo antes de desaparecer entre las calles.
Después de esta escena digna de una película, nuestro protagonista decidió hacer lo correcto y denunció lo ocurrido a la policía. Gracias al trabajo del Grupo Operativo de Respuesta (GOR), los agentes lograron identificar al joven delincuente tras varias investigaciones. La semana pasada fue finalmente arrestado por ser autor del robo con violencia. Una historia más que nos recuerda cómo la valentía puede enfrentarse a la delincuencia en nuestras calles.

