Esta semana, las borrascas han sido las protagonistas en los aeropuertos de Baleares, pero no todo se debió al mal tiempo. Un vuelo que partía de Madrid hacia Ibiza el jueves a las 22:15 sufrió un retraso considerable, y no por cuestiones meteorológicas, sino gracias a un pasajero que decidió que era buen momento para hacer el payaso.
Una usuaria anónima compartió su experiencia en redes, dejando claro que la situación era digna de película. «Íbamos a embarcar y ya veíamos al chico dando la nota, hablando por teléfono y chillando. Todo el mundo le miraba», relató con indignación. Y es que cuando finalmente subió al avión, lejos de calmarse, continuó haciendo de las suyas. La azafata tuvo que advertirle repetidamente que apagara su móvil mientras él seguía conversando como si estuviera en casa.
El caos toma el control
La tensión aumentó cuando los tripulantes decidieron actuar. «Tuvieron que acercarse a él y pedirle que se sentara», cuenta la testigo. Pero este personaje no estaba dispuesto a dejarlo así; se quitó el cinturón y comenzó una discusión con otro pasajero que le dijo basta. Golpes al asiento y gritos descontrolados llenaron el espacio del avión, haciendo llorar a varios niños y convirtiendo lo que debería ser un viaje tranquilo en un verdadero desastre.
Finalmente, la situación llegó al punto en el cual el piloto tuvo que dar media vuelta en plena pista y llamar a los agentes de la Guardia Civil para sacar al individuo del avión. ¿El resultado? Un retraso de más de dos horas debido a este hombre borracho cuyo comportamiento puso patas arriba todo.
Es probable que reciba una buena multa y quizás una prohibición de volar para siempre con esa aerolínea. Tal vez pasarle la factura del combustible del avión le haga reflexionar sobre sus acciones. Porque si no hay consecuencias claras, ¿cómo vamos a aprender? Es frustrante ver cómo algunos parecen actuar sin pensar en lo que hacen mientras otros intentamos mantener un poco de orden en nuestras vidas cotidianas.

