En la Audiencia Provincial de Palma, se ha desatado una tormenta judicial. Dos agentes de la Policía Nacional se enfrentan a graves acusaciones tras un altercado con un joven, que asegura haber sido agredido por ellos el pasado 12 de abril de 2021. Pero esta historia no es solo sobre lo que sucedió esa noche; es un recordatorio escalofriante de cómo las cosas pueden volverse caóticas en un abrir y cerrar de ojos.
Todo comenzó con una discusión entre el joven y su expareja. Ella, desesperada, llamó al 112 denunciando malos tratos. En cuestión de minutos, los agentes llegaron a la calle Foners, donde se produjo todo este embrollo. Según el relato del joven, uno de los policías intentó mantener la distancia social y le puso la mano en el pecho; pero él, lejos de esperar lo que vendría después, reaccionó instintivamente: “Sin mediar palabra me dio una bofetada”, dijo.
Una detención que terminó en violencia
A partir de ahí, todo se tornó confuso. Lo que podría haber sido una simple intervención por violencia de género se transformó rápidamente en un arresto por atentado contra la autoridad. El joven denuncia que los dos agentes no solo le golpearon repetidamente sino que también le gritaron: “Te voy a enseñar a respetar a una mujer”. La situación escaló hasta tal punto que ambos admitieron haber usado las porras reglamentarias.
El denunciante sostiene que recibió golpes injustificados que le dejaron lesiones serias: un hombro adolorido y una fisura en el pómulo derecho. Tras conseguir retenerlo, los policías –uno aún en prácticas– lo esposaron y lo metieron en el coche patrulla. Justo cuando parecía calmarse la situación, su familia apareció; incluido su padrastro con una barra metálica. El ambiente estaba tenso.
Y así fue como nuestro protagonista empezó a dar patadas al vehículo policial, causando daños considerables mientras trataba de liberarse del tumulto emocional vivido. Sin embargo, según su versión, eso solo llevó a más agresiones por parte de los policías ya presentes en la escena. Después de pasar toda la noche en el calabozo, al día siguiente salió libre; pero las secuelas del incidente todavía resuenan fuerte.

