En la mañana del miércoles, el ambiente en la Audiencia de Palma era tenso. Un hombre, español de 40 años, se sentó ante el tribunal para negar con firmeza las acusaciones que lo señalan como autor de abusos sexuales a su hija de apenas tres años. «Nunca he estado solo con la niña», repetía, casi como un mantra. Asegura que todo esto es un malentendido y que esta denuncia le parece extraña.
La lucha por la verdad
El Ministerio Público no se lo toma a la ligera. Pide nada menos que 18 años de prisión por un delito continuado de abusos y otro más por agresión sexual, además de una indemnización de 30.000 euros para la pequeña. «Soy un padre normal y corriente que quiere a sus hijos y nada más», defendió el acusado entre susurros.
Aparentemente, los hechos ocurrieron entre 2016 y 2018, durante las visitas que le correspondían al padre. Según la Fiscalía, esos momentos se convirtieron en un calvario, donde el hombre aprovechaba para realizar tocamientos inapropiados a su hija tanto vestida como desnuda.
No obstante, este hombre sostiene que es víctima de una venganza por parte de la madre. Con antecedentes penales relacionados con violencia doméstica y otros delitos, intenta desmarcarse del estigma asociado a su nombre diciendo: «Yo he sido condenado porque trabajé en un bar y…”. En fin, una historia compleja llena de emociones encontradas donde cada uno defiende su versión sin titubear.

