En una tarde que debería haber sido tranquila, la vida de una joven de 20 años dio un giro inesperado y desgarrador. Mientras se disponía a entrar en el portal de su finca en Palma, un hombre de 23 años, originario de Paraguay, se acercó sigilosamente por detrás y comenzó a manosearla. Un acto brutal e inaceptable que la víctima no dudó en reprocharle al instante.
Lo que ocurrió después es escalofriante: el agresor, lejos de mostrar remordimientos, comenzó a tocarse sus propios genitales antes de huir del lugar como si nada. La joven, temblando pero con una valentía admirable, llamó rápidamente a la Policía Nacional para reportar lo sucedido. Cuando los agentes llegaron al lugar, ella les contó que no conocía al hombre que le había hecho tanto daño.
Búsqueda incansable
Los Rayos y los Zetas de la Policía Nacional se pusieron manos a la obra inmediatamente. No tardaron en recorrer las calles cercanas y rastrear cada rincón hasta dar con el sospechoso, quien había intentado esconderse entre unos setos como si eso fuera suficiente para escapar de las consecuencias. Cuando lo encontraron caminando despreocupadamente por las Avingudes, su historia empezó a desmoronarse; decía haber estado en un bar tomando unas copas, pero cuando le preguntaron sobre su ruta no pudo más que balbucear respuestas sin sentido.
Finalmente, después de insistirle un poco más, acabó confesando su delito. ¿Qué nos está pasando? La sensación de inseguridad crece y es nuestro deber exigir justicia y protección para todos. No podemos permitir que actos así queden impunes ni ser testigos silenciosos ante esta realidad tan dolorosa.

