En una noche cualquiera en Palma, a las 23:15 del pasado 30 de enero, una escena inesperada se desató en un bar de la calle Joan Bauzà. Una joven boliviana de 25 años entró al local y encontró a su expareja argentino, de 28 años, hecho un ovillo sobre la barra, sumido en el sueño profundo tras unas copas de más. Pero lo que podría haber sido un reencuentro amistoso se tornó en una situación tensa cuando la mujer decidió tomar cartas en el asunto.
Una reacción impulsiva
Al ver a su ex allí tirado, no pudo contenerse. Lo zarandeó con fuerza y le dio dos bofetadas que resonaron como un eco de frustración acumulada. La razón detrás de esta explosión emocional era clara: el hombre llevaba tiempo sin pagar la pensión alimenticia de su hija, que apenas tiene ocho años. La joven no dudó en admitirlo ante los agentes de la Policía Nacional que llegaron rápidamente al lugar. Fue detenida por presuntos malos tratos familiares.
Es difícil juzgarla sin conocer todos los detalles, pero este tipo de situaciones nos recuerda cómo las tensiones pueden estallar cuando hay niños involucrados y promesas incumplidas. La Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) se ha hecho cargo del caso para esclarecer los hechos. Al final del día, lo que debería ser una colaboración entre padres se convierte en una batalla donde los más perjudicados siempre son los pequeños.

