El pasado 3 de febrero, mientras el sol apenas comenzaba a calentar las calles de Palma, una trabajadora de Emaya se encontraba realizando su labor de limpieza en la calle Benito Pons. Lo que debería haber sido un día más en su jornada se convirtió en un momento aterrador cuando un hombre, conocido por ser habitual en la zona y que vive en la calle, se acercó sin mediar palabra y le propinó un puñetazo con guante de boxeo.
Lo más inquietante es que dentro del guante había algo duro que intensificó el impacto. Así lo relató la víctima, quien no solo sufrió las consecuencias físicas del ataque sino también un profundo shock emocional. Los gritos alertaron a varios testigos que corrieron al auxilio de esta valiente mujer, visiblemente afectada y con un ataque de ansiedad.
Una realidad dolorosa para los trabajadores
Poco después llegó una patrulla de la Policía Local para hacerse cargo de la situación y tomar nota del incidente. La trabajadora fue trasladada a una mutua empresarial para evaluar sus lesiones antes de poder presentar formalmente su denuncia. A pesar de que los motivos detrás del ataque aún son inciertos, ella reveló que ya había sufrido insultos y acoso por parte del agresor en otras ocasiones.
Desde Comisiones Obreras (CCOO) han puesto sobre la mesa una teoría escalofriante: este acto violento podría ser una represalia tras el desalojo del hombre de su lugar habitual para dormir. Y es que este tipo de incidentes no son aislados; como bien apuntan desde el sindicato, esto es solo “la gota que colma el vaso”. En nuestra comunidad no podemos seguir mirando hacia otro lado; es fundamental reflexionar sobre lo que sucede a nuestro alrededor.

