La tranquilidad de Valldemossa se vio alterada este viernes por la noche cuando un grupo de hombres con pasamontañas decidió que era el momento perfecto para actuar. Apenas habían pasado veinte minutos desde que el Cappuccino, ese acogedor café del número 5 de la Plaça Ramón Llull, cerrara sus puertas al público. ¿Y qué hicieron estos delincuentes? Fueron directos a fracturar la puerta y hacerse con la caja registradora, como si no hubiera un mañana.
Según varios testigos que estaban cerca, los ladrones eran entre tres y cuatro y hablaban árabe mientras se movían por el local. Con una rapidez sorprendente, huyeron en un Volkswagen Golf gris dejando tras de sí una estela de confusión y miedo. La policía local ya ha comenzado a revisar las cámaras de seguridad de los establecimientos cercanos para intentar identificar la matrícula del vehículo y dar con estos sinvergüenzas.
¿Un plan premeditado?
Parece que no fue una decisión tomada al azar. Los investigadores consideran que los asaltantes podrían haber estado vigilando el lugar antes del golpe, esperando pacientemente a que los trabajadores cerraran para poder romper la entrada sin ser vistos. Y es que en Mallorca, donde tantas veces hemos sentido esa sensación de seguridad, hoy nos damos cuenta de que hay quienes están dispuestos a convertir nuestra realidad en su propio botín.
Aquí estamos, frente a una situación alarmante donde cada rincón puede convertirse en escenario de un acto desesperado. ¿Hasta dónde vamos a llegar si seguimos permitiendo esta falta de control? Como bien dice alguien por ahí: “Mallorca, ciudad sin ley… y los regularizamos a paladas”.

