Era una noche como cualquier otra en Alcúdia, cuando el 16 de enero, la Guardia Civil se encontraba realizando uno de esos controles rutinarios que a veces parecen no llevar a nada. Pero esta vez, algo iba a cambiar. Un joven de tan solo 26 años se convirtió en el protagonista inesperado de la historia al intentar escapar con su furgoneta cargada hasta los topes de cable de cobre robado.
Un intento desesperado por huir
Los agentes estaban atentos y notaron cómo el chico comenzó a hacer maniobras extrañas. Primero frenó bruscamente, luego retrocedió, todo para esquivar el control. La tensión aumentaba mientras los guardias decidían actuar. Al darle el alto y acercarse, vieron a un conductor visiblemente nervioso.
Cuando consultaron sus antecedentes, descubrieron que ya tenía problemas anteriores relacionados con delitos contra el patrimonio. Y lo que encontraron en la parte trasera de la furgoneta no dejaba lugar a dudas: alrededor de 390 trozos de cable, además de tijeras y una escalera que claramente no eran parte del equipaje habitual.
A pesar del desasosiego del joven, sus respuestas sobre cómo había conseguido todo ese material fueron tan vagas como inverosímiles. ¿Acaso pensaba que podía engañar a la Guardia Civil? La investigación posterior confirmó lo que todos sospechaban: se trataba de cable robado y su intento por salir ileso terminó convirtiéndose en su propia trampa.
A veces, las historias más cotidianas nos recuerdan que la justicia está siempre vigilante. Este joven pagará ahora las consecuencias de un impulso desafortunado.

