Era una noche cualquiera en la plaza Orson Welles de Son Gotleu, cuando un hogar se convirtió en escenario de una pesadilla inimaginable. A eso de las 23:55, la tensión estalló entre un padre y su hijo de 22 años, todo por una cámara de vigilancia que el hombre aseguraba que había desaparecido. En medio del grito y el caos, el marroquí de 53 años tomó un cuchillo y, en un arrebato violento, hirió gravemente a su propio hijo.
Pero eso no fue todo. La hija de solo 14 años intentó salvar a su hermano, convirtiéndose ella misma en víctima del ataque. Al interponerse entre ellos, sufrió cortes profundos en las manos. Y mientras la madre intentaba mediar para evitar lo peor, también terminó con heridas leves.
El heroísmo ante el horror
A pesar del miedo y el dolor, los jóvenes lograron escapar de la casa y llamar a la Policía Nacional. Cuando los agentes llegaron al lugar, se encontraron con una escena devastadora: el chico estaba gravemente herido por la puñalada en el abdomen. Los policías no dudaron ni un segundo; pidieron ropa a los vecinos para taponar su herida mientras esperaban ayuda médica.
El agresor fue detenido sin resistirse demasiado y trasladado al hospital Son Llàtzer con contusiones tras forcejear con sus hijos y esposa. Mientras tanto, el joven ingresó a la UCI del hospital Son Espases donde se le operó urgentemente. Aunque su estado es grave, ahora mismo está estable y fuera de peligro. Su hermana también recibió atención médica y aunque ha tenido que ser intervenida quirúrgicamente debido a las lesiones en sus tendones, evoluciona favorablemente.
Esta historia no solo nos deja atónitos sino que plantea muchas preguntas sobre cómo hemos llegado hasta aquí como sociedad. No podemos permitir que estas situaciones pasen desapercibidas; necesitamos reflexionar sobre lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.

